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Patchwork urbano de paisajes domésticos. Concurso Residencia Singular 04.
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1. RELACIÓN CON EL LUGAR El proyecto propone un vínculo con el medio que se desarrolla en diferentes escalas: Forma urbana. El sistema residencial debe implicarse en los roles ligados a la escala urbana y de paisaje, destinados a organizar el espacio público. La tipología doméstica condiciona, articula y define gran parte del desarrollo de las ciudades. Por eso consideramos importante que el propio sistema de vivienda trabaje simultáneamente en la escala doméstica y en la urbana. Las pieles constituyen un instrumento para consolidar el espacio exterior de la ciudad. Conforman los “pliegues” de la ciudad entre los que se desenvolverá el espacio público. Agrupación. La flexibilidad del sistema, permite organizar varias formas de agrupación doméstica a partir de sus tres elementos básicos: La ocupación en superficie, mediante viviendas en una sola planta, protegidas del exterior gracias a la piel-envoltorio. Viviendas-taller. Se desarrollan en planta baja más dos. Y por último las torres de planta baja más cinco. La agrupación permite la configuración de pieles individuales, de disfrute de cada vivienda, o sistemas de gestión social más compleja y más rica que incorporen la posibilidad de asociación y organización comunitaria de este espacio. En estos casos la piel pasa a ser un espacio intenso de relación social. Supondrá un espacio adicional que permitirá a la casa expandirse y crecer de acuerdo a los diferentes modos de vida, para absorber situaciones puntuales, o como espacios para la relación de los vecinos. De este modo se podría hacer footing a través de este cerramiento esponjoso, hacer una barbacoa, o simplemente descansar. Densidad. Los tres tipos de agrupación mantienen una relación de densidad óptima para el desarrollo urbano. Las torres complementan la baja densidad del crecimiento superficial, estableciendo una densidad media de 35-40 viviendas por hectárea, lo que provocará un espacio público rico y vivo, garantizando un coeficiente de simultaneidad adecuado que de vida a los “pliegues urbanos”. Esto implica que la forma de ocupar el territorio generará una serie de espacios públicos (plazas, espacios verdes, jardines, etc.) que no deben quedar como zonas residuales de la edificación. Sino que han de ser espacios activados desde de un análisis de la densidad de población planteada. Escenario doméstico. El envoltorio de la vivienda proporciona una nueva relación con el medio. En primer lugar, la vivienda se entiende como un vacío, un espacio cavado en el paisaje. Rodeada y protegida por unas pieles-invernadero, que actúan como un colchón de energía en torno a los espacios habitables. Esta condición construye un filtro espacial entre el exterior y el interior. Una especie de celosía viva profunda que protege la propia privacidad, pero que también supone un escenario doméstico para cada casa. A la vez, constituye una reserva de metros cuadrados para la organización personal del paisaje que envuelve. Así el cuerpo del habitante de la vivienda puede ser envuelto con un paisaje desértico, tropical o mediterráneo. Se produce una situación de deslocalización del entorno gracias al colchón técnico, energético. La vivienda presenta dos espacios simultáneos. El espacio doméstico y el paisaje simulado o re-presentado en su límite. Reserva de paisaje. El cerramiento permite tres posiciones: (1) Exterior abierto – interior cerradoà dejando que el envoltorio se convierta en una terraza convencional. (2) Exterior cerrado e interior abiertoà Incorpora el paisaje al exterior. (3) Ambos cerrados. El paisaje queda contenido en el cerramiento esponjado. PAISAJES CONSUMIBLES. CATÁLOGO DE PAISAJES. La técnica permite controlar el medio. El establecimiento de unas determinadas condiciones climáticas nos permite reproducir cualquier tipo de paisaje artificial en prácticamente cualquier espacio. Bajo este punto de vista, el proyecto concentra en el límite, en el elemento que condiciona la relación con el entorno, un espacio esponjado en el que el usuario puede elegir qué entorno construye, cuál es el paisaje que lo envuelve. La disciplina urbana relega la relación entre la unidad doméstica y el paisaje a equipamientos de proximidad o parques. Podemos entender el paisaje como un espacio sacralizado a proteger, intocable. O, por otra parte, podemos considerar la responsabilidad ecológica como un espacio activo para la creatividad al servicio del consumo doméstico. El pasaje ha llegado a convertirse en un objeto-reclamo para la sociedad de consumo. Nuestra propuesta apuesta por la puesta al servicio del usuario doméstico de un catálogo de paisajes, asequible como una parte más del mobiliario de la vivienda. Será también reflejo de la identidad y los deseos del habitante. El filtro será diferente en cada estación. Está vivo, por lo que se encuentra en constante cambio durante todo el año. Pensamos que de algún modo, el tiempo queda recogido en la piel de la vivienda y la activa. |
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