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Fotonovela autores: Carlos Arroyo y Eleonora Guidotti |
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_ revista BELLEZA
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MSA6 Nuestro trabajo no está hecho para ser fotografiado. Lo visual es importante y, si, se pueden hacer algunas hermosas fotografías. Pero nos ocupamos también del movimiento, el cambio, el sonido, tacto olor, humedad. El tiempo y la emoción. Consideramos las acciones de los habitantes, sus encuentros, sus soledades. Cuando terminamos la vivienda de Esther y Juan Carlos nos dimos cuenta de que si no estaban ellos, no había nada que fotografiar. Bueno si, la luz bicolor sobre los muros de yeso crudo, los reflejos sobre la chapa lagrimada de aluminio, el acero, el bambú, el lugar espectáculo del aseo, la textura de una cortina. Pero los parámetros para el desarrollo del proyecto no eran matéricos, y el resultado materializado no se podía entender sin comprender el sistema de relaciones, acciones y situaciones en el espacio. Hay un espacio grumoso en el que se dan distintas situaciones reguladas por el simple movimiento de una cortina, o el invisible sistema domótico que controla la iluminación. El programa no define espacios sino acciones y situaciones que se solapan, permitiendo la redefinición constante de las relaciones entre los habitantes. Los grumos espaciales se amplían o reducen alrededor de los polos geométricos que son las personas, que aprenden a redefinir sus fronteras con los delicados recursos a su disposición. No hay más puertas que las de los retretes, y sin embargo aparecen y desaparecen multitud de límites perfectamente legibles. La superficie disponible, limitada en una vivienda del centro de Madrid, se optimiza con los solapes de acciones, al conseguir una mayor amplitud para cada uso Catorce situaciones. Cena con amigos. La cocina no es un espacio de servicio, porque no hay personas de servicio. La cocina es un instrumento para el arte cotidiano de la comida, que se incorpora al espacio general con la ambigüedad de un tokonoma. Cuando llega el primer invitado sabe encontrar su lugar, hay un vacío esperándole, equidistante de los fogones y la mesa, dominando el espacio en el que poco a poco irán entrando el resto de comensales. El baño relajante. Más allá de la higiene cotidiana de la ducha, el baño es más relajante si comparte amplitud y luminosidad con otras situaciones íntimas. Aquí no tendría sentido la concentración de aparatos sanitarios en un espacio mínimo. Vestirse. Ni un vestidor aislado, ni un armario dentro del dormitorio en que las puertas chocan con la cama. Al abrir una cortina los espacios se funden y se consigue un lugar especial entre el almacenamiento y la luz. La alcoba. El lugar recogido, íntimo, cálido, silencioso. Trabajar. Dos personas, en lugares distintos, extremos distintos. Ella con su ordenador portátil y poco más. El rodeado de libros, papeles, referencias. ¿o al revés? Un hilo los une, un hilo de pequeños sonidos en la distancia, objetos que se depositan sobre la mesa, grapas, cortes… Ejercicio. Un pequeño gimnasio con los aparatos necesarios. Además, el techo baja y es una gran cama para invitados (que no se quedarán demasiado tiempo, pues están inutilizando el gimnasio!..) Charlar. Se hablaba de arquitectura doméstica y de holanda y de experiencias interesantes de los últimos cincuenta años que admiramos en aquel país. Y un contertulio comentó las maravillas que se veían desde las autopistas holandesas. Le miramos desconcertados. ¿Ver desde lejos? ¡No! Eso también está bien, pero estábamos hablando de arquitectura de las relaciones. De la concepción de sistemas espaciales para alojar los nuevos modos de vida que vienen surgiendo desde mediados del siglo veinte. Decidimos hacer una fotonovela. |
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