![]() |
||||||||||
![]() |
||||||||||
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
||||||
![]() |
||||||||||
![]() |
||||||||||
“…Mi intención era llegar más allá que todos ellos, al otro lado de las montañas y los ríos, al otro lado de lo real, al corazón mismo de las tinieblas. Yo, literalmente, daría la vuelta al mundo y estos diarios, son el relato de este intento.”
Creamos un personaje. Y este nos dio el proyecto. Bartlebloom (1801-1883). El tiempo que duraría el proyecto: una noche, marcaría la manera de narrar la historia.. Después todo residiría en el recuerdo de los asistentes, dentro de un borroso margen de realidad y ficción. La noche del 26 de mayo los invitados por nuestro personaje, descubrirían por primera y última vez una vida y una colección de paisajes de manera secuenciada. El espacio se ordenó como páginas de un libro. “11 de diciembre de 1873. Al atardecer de la trigésima jornada de penosa marcha, divisamos los primeros árboles invertidos. Los pocos hombres que quedan morirán con la mirada atravesada por ésta prodigiosa visión. Árboles cuyas puntiagudas copas acarician mi salacot, cuyos frutos, cuando caen, se elevan hasta perderse en el espacio eterno…” El acceso se producía por una topografía sonora, con tonos ascendentes según se avanzaba que conducía al índice del libro, una caja de luz de 15 metros que mostraba el resumen de los espacios. A partir de ahí, y con la ayuda de un plano se irían descubriendo, reconstruyendo y proyectando en el teatro imaginario de cada invitado la vida y lugares vistos por su anfitrión ausente. Se servía una extraña cena, sobre los troncos de los árboles, y se paseaba por las salas del palacio tapizadas por césped natural. Cada habitación revelaba un pequeño fragmento, a través de las narraciones, objetos o colecciones vivas que correspondían a un instante de sus extraordinarios viajes: la colección de bosques y animárboles, con ejemplares como el antíloperal, los paisajes invertidos, la cumbre transportada del krakatoa antes de dinamitarla, el largo y estrecho glaciar de los pequeños inví… La segunda parte ocurría en el jardín, a oscuras, con una linterna. Conducidos por los mensajes de luz intermitentes, voces de sirenas, previamente vistos desde los balcones, se atravesaba un pasaje entre los árboles hasta llegar a las galerías subterráneas del jardín, donde se mostraba la penúltima página del libro, reproducido sobre un enorme muro de ladrillo. Al abandonar el palacio se entregaba un libro, pequeño registro que contenía una parte de los diarios y el epílogo que cerraba el proyecto. Los invitados podrían recordar parcialmente la secuencia de vivencias proyectadas interiormente a lo largo de una noche. “mi relato es el de un mundo que no sólo ya no existe, sino que nadie más que yo había contemplado y que nadie tras de mí podrá admirar. Mi relato se desvanecerá para siempre una vez hayais alcanzado las estrellas y escuchado la voz de las sirenas. Buscad en lo desconocido. Buscaos”. William Jameson Cochrane. Duque de Bartlebloom, 17 Marzo de 1884. |
||||||||||
volver |
||||||||||
![]() |
||||||||||
| creditos | ||||||||||
![]() |
||||||||||