CENTRO RESIDENCIAL SIMONE DE BEAUVOIR

Irma Coello Muñoz Y Álvaro Guinea Martín

CUANDO EL TIEMPO TIENDE A CERO (GENERALIDADES)

Los albores del siglo XXI presentan un horizonte global notablemente convulsionado. Política, social y culturalmente las perspectivas del primer mundo laten inquietas en tiempo de deriva, tiempo de definición. La búsqueda del propio sentido (existencial y material) y la propia necesidad irrenunciable del continuo ‘progreso’ alcanza unos máximos jamás contemplados en la Historia de la humanidad. El propio devenir histórico ha favorecido que, lenta pero inexorablemente, se decante por si solo el término que define a la producción humana en las últimas décadas. Aceleración. Aceleración en los procesos, en los tiempos, en las formas y en las técnicas. Lo nuevo comienza a ser sinónimo de lo efímero.

 Este acelerado cambio continuo hace que las propias reflexiones acerca del sentido de la producción e incluso la manera de producir (pensamiento, mercado, cultura, tecnología, futuros...) estén permanentemente en crisis, redefiniéndose, readaptándose, intentando enfocar el transcurrir borroso de los tiempos y los pasos. Una posición descaradamente inestable dónde se manifiesta, con meridiana claridad, el paradigma filosófico del nuevo milenio; la falta de una referencia clara hacia la que remar y lo inadecuado de la misma.  Inadecuado fundamentalmente por la caducidad inmediata, la obsolescencia de lo perdurable. Los cambios se precipitan, se solapan, se superponen y se atropellan mientras el margen de tiempo entre uno y otro se reduce inexorablemente. Queda la sensación en la mente colectiva de que a cada instante el rango de cosas que suceden en un intervalo dado de tiempo es mayor. El tiempo fuga. El tiempo se encoge, y planea lúgubremente lo que sucederá cuando esa minimización del tiempo llegue a cero (o a sus proximidades). Un lugar en el tiempo en el cual se pueda alcanzar la casi instantaneidad evolutiva hasta el punto de desconexión del propio sistema por puro desconocimiento de sus límites en tiempo real. Un concepto fácilmente entendible desde la astronomía, dónde ese proceso de crecimiento expansivo y continuamente acelerado es la historia de la vida y muerte de las estrellas. Las supernovas mueren por expansión total en tiempo cero. Un autoconsumo exacerbado equivalente a un suicidio inevitable.

Los posibles futuros con tiempo cero (evolutivamente) se tornan cuando menos de difícil acceso a la imaginación (al menos como hechos futuribles a corto plazo). Lo que resulta obvio es la necesidad de contemplar tal posibilidad (futurible por extrapolación de los ritmos contemporáneos) y prever una estructura de pensamiento pragmático (es decir, enfocado al control de la producción y sus formas –antagonista del pensamiento erudito enfocado a la retórica y a la belleza del discurso) que sea capaz de articular coherentemente la aproximación al tiempo cero. La idea es sencilla: si inevitablemente estamos cayendo al mar, por lo menos entremos de cabeza (o con cabeza, a estos efectos). Un pensamiento pragmático en el cual lo sustantivo se traslade desde el significado de las palabras, la intención del lenguaje o su propia idoneidad hacia el conocimiento de los pasos, los caminos, las reacciones y lo coherente. El cambio del discurso retórico a la narración constructiva. Una política alejada de cualquier noción de tautología y enfocada absolutamente a cumplir escrupulosamente la innegable tendencia (y no fin) de cualquier ser vivo. Subsistir. Proseguir. Continuar. Por encima de lo que sea. Por encima, incluso, de nuestro futuro crecimiento desmedido.

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